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El científico unidimensional

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Hay muchas formas de hacer ciencia y estar en la Academia. Muchas. Yo apenas acabo de entrar, y como yo, la mayor parte de mis colegas de promoción nos enfrentamos a una incertidumbre fundamental: la de continuar siendo lo que por vocación (algunos) hemos elegido ser: científicos (sociales). La situación es delicada, es como quien abandona su vida previa para ser cura y que después de un buen número de años de formación en teología te digan que no tienes parroquia y que lo mejor sería que pusieras una ferretería: “lo sentimos, pero aunque tu vocación pueda atraer montañas y tu fe moverlas, es mejor que te dediques a otra cosa”.

Así que en este poco tiempo que tenemos antes de salir del nido que es la tesis, tenemos que elegir en cierta forma el tipo de científico que queremos ser. Y en estas nos encontraremos con quienes intentan imponer el modelo del científico unidimensional.

La pregunta clave que hemos de responder en los años de tesis es: ¿qué tipo de relación vamos a establecer como científicos con la academia y con la sociedad? El científico unidimensional es el que dialoga sólo con una de esas dos comunidades. El de la torre de marfil, que olvidó hace tiempo cuál es (o quizás cuál debería ser) la razón íntima y última de su labor y vive de espaldas a la sociedad; y el otro, el que de tanto creer en esa razón última y abrazarla se olvidó de entablar un diálogo con sus pares.

La alternativa al científico unidimensional es… estoy buscándola, pero intuyo que exige una tensión permanente entre el diálogo con unos y con otros. Lamentablemente es difícil. El equilibrio no significa necesariamente un 50/50, sino una cierta actitud, que en ocasiones pasa por el riesgo y la audacia. No es fácil sostener esa tensión, así que a muchos no les queda más remedio que embarcarse en difíciles aventuras a la búsqueda de formas con las que mantener ese doble diálogo sin el cual la ciencia para mi carece de sentido.

Lamentablemente, cada vez me encuentro más con quienes no comprenden esa necesaria doble dimensión. La situación, sin embargo, no es equiparable entre quienes optan por uno de esos dos polos. Si decides dar la espalda a la sociedad es probable que nadie te lo vaya a reprochar; la academia, y las autoridades, son muy comprensivas ante quienes niegan el pan al populacho. Peor situación enfrentan quienes no sitúan a la academia como la prioridad de sus intereses y se embarcan en aventuras audaces en busca de nuevos pasos entre esos dos territorios. Con esos normalmente no hay ni clemencia ni comprensión. Se los margina y no se los tiene en cuenta. Y conozco más de un caso y más de dos, con nombres y apellidos.

Yo intento satisfacer ambas aspiraciones, y al final me caen por todos lados. Me ocurre algo muy parecido con mis filiaciones con Madrid y Barcelona, cuando estoy en una u otra y se discute de política acaban siempre por acusarme de defender la postura de los contrarios, me acusan de centralista en Barcelona, y de catalanista en Madrid. Aquí lo mismo. Algunos de mis colegas ya me han acusado de ser un elitista por mi preocupación por cuestiones tales como los índices de impacto de impacto en las revistas, por querer jugar en las grandes ligas, por querer probarme donde se te pone realmente a prueba. Y estoy seguro de que otros me critican por mis veleidades, por escribir un blog o montar un wiki, por organizar aquella conferencia o este otro sarao. Bueno, al final me lo tomo como las acusaciones de catalanista y/o centralista: disfruto de las dos ciudades que adoro, cada una a su manera y en su momento.

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Written by Adolfo Estalella

25 25America/Adak June 25America/Adak 2008 at 9:04 pm

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Pan para los panaderos (¿esto es ciencia?)

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Estás metido en una vorágine de silencio parsimoniosa. Es como mirar a un grifo cuyo cierre defectuoso deja escapar el agua. Cae una gota, y después tienes tiempo de contar el lapso hasta que la siguiente se precipita: uno, dos, tres… cincuenta… Es lento, lento, lento. Es lento en el corto plazo, pero más aún en el largo, se trata de una carrera de fondo. Y pese a esa lentitud, vamos dando tumbos de manera inconsciente, al menos es la sensación que tengo cuando miro a mi alrededor; jóvenes becarios y becarias, candidatos a doctores y doctoras (y no voy a entrar en los ya establecidos), aunque bien puede ser que sean mis ojos los que ven a los demás como me miro a mi mismo. Tres años enfrascado en el mundo de la ciencia y me doy cuenta de que hace ya tiempo que comencé a desvirtuar una buena parte de lo que hago. Envías propuestas a conferencias porque hay que ir, haces artículos ad hoc para lo que toca, también hay quien hace de mala gana una presentación en la que 15 personas le dedican dos horas de su vida a escucharle, aunque bien puede ser que no se mereciera ni 2 minutos para lo que tiene que decir (seguro que alguno ha pesando algo así de mis presentaciones, más razón todavía para valorar esas ocasiones como una oportunidad de oro).

Discutimos sobre esto y sobre lo otro en las comidas, por la noche, mientras nos tomamos una copa, discutimos si este enfoque teórico es válido, si esta metodología va a funcionar… pero creo que no he tenido ni una conversación con mis jóvenes colegas sobre la ciencia, sobre las razones que nos empujan a cada uno de nosotros a optar por una vida miserable (económicamente) como es esta. Pero lo más importante aún, creo no haber discutido sobre lo que la sociedad (¿la Sociedad?) quiere, y si quizás vamos a decir algo que a la gente pueda interesarle, más allá de nuestro onanismo intelectual. Bien puede ser que mi lamento provenga de una visión romántica e idealizada de la ciencia. Cierto. Tampoco los secretarios ni las secretarias, o los camareros y las camareras andan preguntándose por las razones de su dedicación, y si la sociedad aprecia su labor. Yo sigo viendo en la ciencia un punto diferente: uno se mete en ella como quien se lanza de cabeza a correr el maratón. Ya puedes tener ganas porque de lo contrario, lo mejor es que te sientes en el parque a ver cómo pasa el tiempo.

Todo puede ser que cada uno de nosotros lo tenga muy claro, y no necesite revisar para qué puñetas hacemos lo que hacemos. O puede ser que simplemente nos importe un carajo si fulanito nos entiende o a menganita le interesa lo que hacemos. Fulanito y menganito, que son por otra parte quienes nos pagan el sueldo. Y no digo que nos tengamos que poner a escribir todos un blog, publicar libros de divulgación y pasar el tiempo de conferencia en mesa redonda y tiro porque me toca, pero sí que al menos nos ronde la cabeza que en la ciencia, como en las panaderías, hay que hacer algo contante y sonante para la sociedad (¿la Sociedad?), que no vale cocer los bollos para que sólo se los coman los panaderos. He dit.

Written by Adolfo Estalella

25 25America/Adak June 25America/Adak 2008 at 8:20 pm

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